
Acabas de terminar tu libro o estás a un paso… y ¿ahora qué?
Vamos a dejar de lado cosas que podemos tocar en un tema aparte como son lectores 0 o beta readers, corrección ortotipográfica (servicios y precios), análisis de estructura y coherencia en la trama, hilos, personajes y diálogos, punto de vista (hablo de todos estos factores porque aunque la decisión ya estuviera tomada y hayas escrito tu obra como, pongamos, narrador omnisciente, ahora toca revisar si tu narrador es tan omnisciente o si has ido cambiando de punto de vista, algo muy común) o temas más administrativos como el ISBN, registro de autoría, maquetación o ilustración. Conste que cada uno de estos aspectos podría tener su propio capítulo aparte y que, si hay interés y me lo hacéis saber, podemos dedicarle algún post. Hacedme saber en los comentarios, a través de mi página de Facebook El epílogo Perdido o de twitter @BJSal3 y estaré encantado de investigar un poco más y publicar algo que pueda ayudar.
La entrada de hoy va de un tema interesante y que genera también un buen número de posts, vídeos de Youtube, comentarios y preguntas… ¿Cuál es la mejor forma de sacar mi novela a la luz?
Antes de empezar y aclarando, aquí, y en ningún lado, no vas a encontrar la respuesta definitiva y mágica porque no la hay. Muchos factores influyen en cómo sacar una novela adelante donde, colocaría por encima:
- Expectativas (si, las tuyas) en cuanto a tiempos y beneficios
- Objetivo prioritario (¿buscas darte a conocer y primas eso antes que el beneficio?)
- ¿Cuánto estás dispuesto a esperar para que tu novela, que ya está terminada, vea la luz?
Concursos, editoriales y autopublicación… de momento no hay más alternativas. Vamos a darle un pequeño repaso a cada una de ellas asumiendo que ya has revisado tu novela unas cuantas (de cuantas de muchas) veces, que la has corregido (o te la han corregido), que tienes tu portada (hecha por ti o por un profesional)… vamos, que tu libro está listo… o todo lo listo que puede estar para ser lanzado por primera vez.
Concursos

La lista de concursos de escritura que puedes encontrar a lo largo del año es tan extensa que si no has investigado te sorprenderá. Con premios que van desde un lote de libros gratis hasta los 120.000$ o más (el premio Planeta da medio millón de Euros y el Nóbel de literatura 600.000 €). Si quieres estar al tanto, chequea esto:
https://www.escritores.org/concursos/concursos-1/concursos-literarios
El detalle aquí que debe centrar tu atención casi tanto como la dotación económica en caso de ganar, son las condiciones que aceptas por el mero hecho de participar y, por supuesto, en caso de ganar porque ahí va a ser donde realmente tengas que valorar si merece la pena.
Obviamente, ante la posibilidad de ganar 50.000 € es bastante probable que digas “Si a todo” sin leerlo, cosa que no te recomiendo aunque lo aceptes, pero es que en la mayoría de los casos hablamos de premios con una dotación que ronda los 200 € hasta un máximo de 1000 € (hablo en media de concursos para novelas y relatos o poemarios) y en la mayoría de ellos estás cediendo absolutamente todos tus derechos (si ganas y en algunos casos si eres finalista). Esto implica que la obra deja de estar en tus manos para publicarla cómo y donde quieras (y por supuesto lucrarte de ella).
En muchos casos se solicita que sean obras que han sido creadas exclusivamente para el concurso lo que supone una cantidad de tiempo invertida elevada que debes valorar muy bien si te compensa. Porque indudablemente la contraprestación que te dará ganar o ser finalista de un gran premio a nivel de fama puede ser muy elevada y ya de por si un verdadero premio, pero es que muchos de estos concursos pertenecen a algún ayuntamiento de algún lugar perdido y, tu obra, en caso de ganar, será publicada para formar parte de la biblioteca local. Todo esto vendrá siempre en las bases así que antes de lanzarte como un loco por haber visto un premio interesante, evalúa si es lo que más te conviene.
Editoriales
Con tu libro acabado y cuando no sabemos nada del mundo que hay fuera, lo primero que vamos a pensar como escritores es “necesito una editorial”, que viene a ser como “que te fiche un equipo para su plantilla”. Este es el sueño al que aspiran la mayoría de escritores porque las ventajas de ir de la mano de una gran firma son elevadísimas:
- Su propio nombre vende libros (en ciencia-ficción, hablemos de “Nova” de “Gigamesh”, por ejemplo…).
- Todo el tema de la maquetación y publicación lo llevan ellos.
- Igual con la traducción (si aplica).
- Igual con la promoción (aunque aquí ya obviamente, no será lo mismo el tiempo, esfuerzo y recursos que invertirán en promocionar a un escritor novel que a uno consagrado que acaba de publicar su esperada novela “X”).
- Por supuesto corrección, edición y ayuda con lectores cero que van a poder ir comentando con antelación fallos en la trama o, mejor dicho, sugerencias que su abultada experiencia van a aportar a medida que escribes.
Una editorial te podrá hacer un contrato para un libro, para varios, para tenerte “en nómina” una vez te comprometes a “X” publicaciones al año… hay muchas opciones y muy variadas pero, antes de llegar a ese maravilloso momento en el que te hacen una oferta, vas a tener que trabajar para ello.
En base a tu género, tus gustos e intereses, lo recomendable es hacer una lista con las editoriales de prestigio que se dedican a dicho género. Poniendo un ejemplo concreto, vayamos a ciencia-ficción y fantasía.
Buscadores como éste te echan una mano (¡pero ojo, no te quedes aquí porque hay más, muchas más!):
https://www.letrasdeencuentro.es/
Y si elegimos la editorial Minotauro vemos:

Una vez más, no te quedes aquí. Ve a la página e investiga porque a veces no reciben el manuscrito y te piden un formulario donde resumes la obra y los capítulos (o algunos de ellos) y eso solo lo vas a ver en sus webs. Antes de mandar tu manuscrito como un loco, mira muy bien estas condiciones.
¿Cuál es el problema de esto?
El tiempo. Fundamentalmente. Puede que tu obra no tenga el nivel (o no lo tenga antes de una revisión profesional, una corrección y unos ajustes) en el momento en que envías el manuscrito o puede que si pero, en cualquier caso, vas a tener que esperar un plazo que va desde las semanas a los meses (muchos meses) para obtener una respuesta. Y hablamos de una respuesta que puede ser “gracias pero no, gracias” si es que en el caso de ser rechazado se toman la molestia de contestarte porque a no ser que seas como este usuario:

que ha escrito un interesante hilo en twitter sobre lo que hacen tanto él como su empresa en caso de no haber aceptado una solicitud, tienes muy pero que muy (perdón) jodido que alguien te escriba para decirte “Lo siento, vuelve a intentarlo”. Además, no te van a explicar qué falla, cuál es el problema, si has estado cerca, si no vale ni para empapelar vasos en una mudanza… nada. Y para eso has esperado seis meses con la incertidumbre de a donde está yendo tu novela. Entiendo que ante este panorama muchísima gente opine y escriba que no se puede vivir de ser escritor. Claro. Si este es el plan para poder pagar las facturas, lo tienes muy chungo.
Conste que yo no estoy en contra de las editoriales y que me encantaría en algún momento ver mis libros en Nova, Gigamesh o Minotauro. ¿A quién no? Pero creo, como ya he comentado en algún momento, que las reglas del juego han cambiado mucho y que las editoriales no están adaptándose al nuevo panorama porque claro, nadie quiere dejar la vaca lechera mientras siga dando leche.
Un contrato con una editorial, estándar, será del 10% (hablo de estándar, hay mil opciones, por supuesto) sobre las ventas, se encargarán de la maquetación (en algunos casos, no en todos, de la edición), posiblemente de la portada y de todos los gastos de impresión. Ellos deciden cómo y dónde se vende y, con suerte, te darán promoción. Hablamos, de nuevo, en general y ante escritores desconocidos. Va a estar en tu mano que la edición sea lo más perfecta que puedas para garantizar que no haya errores, vas a tener que decir si a la portada que pongan, si a la calidad del papel, tamaño, etc. etc. etc. y, en mi opinión, lo peor, la promoción va a seguir siendo casi trabajo tuyo. Y si eres uno de esos a los que les toca el euromillón y resulta que un americano loco se topa con tu libro en un viaje a Benidorm y dice “¡Joder!” (en realidad diría “Wow, shit!”) “esto es justo lo que quiero para mi próxima película”, entonces la mala noticia es que no verás, por lo general, ni un céntimo ya que tus derechos están cedidos. Si, tu nombre se beneficiará (o no, porque, sinceramente, ¿cuántos de vosotros leéis eso de “esta película está basada en la novela de pepito pérez” y luego leéis ese libro?) pero no queda claro hasta donde llega ese beneficio.
Lo que quiero decir es que depende de muchos factores tener la suerte de dar con una buena editorial con la que arrancar, y que uno de esos factores fundamentales es la suerte. Si quieres depender de la suerte, será como jugar a la lotería aún teniendo una obra maestra entre tus manos.
Autopublicación

No he dejado de lado las opciones que te ofrecen las editoriales sobre “pagar a medias” porque me parecen alternativas que quedan englobadas en estas dos, pero aclaro que existen (me refiero a la co-edición con gastos compartidos) y que, si te interesan, debes valorarlas ya que ponen ese sello en tu obra aunque los beneficios para ti sean mínimos (lo que no significa que no sean suficientes).
De aquí, nos vamos al lado opuesto. A ese “yo me encargo de todo” que es el mundo de las nuevas Amazon, Apple, Bubok, Kobo, Nook Press, Tagus… cada uno con sus cosas y ante todo, dominados por el gigante Amazon que va a desbancarles por norma general.
Para otra entrada dejo un análisis profundo de cómo se publica en Amazon, qué ofrece, en qué se diferencia del resto, pero aquí vamos a escogerlo como adalid del equipo contrario a las editoriales.
¿Qué ofrece Amazon? Unas regalías que van del 30 al 70% en función del precio (si el precio del libro va de 2.99 a 9.99 podrás acogerte al 70%), te va a poner las opciones para imprimir y sacar tu obra del mundo ebook, pero dentro de ese mismo mundo ebook ofrece planes con otras regalías (por páginas leídas en su servicio de menú libre Kindle Unlimited). Tú editas, tú corriges, tú haces la portada, tú maquetas, tú promocionas, tú pones el precio… Y en ese tú, una vez más, puedes siempre elegir ayuda profesional. ¿Es mejor? No puedo responderte.
Pero a lo que si puedo responderte es a que no es peor como mucha gente cree y como cientos de comentarios sugieren con ese terror infundado de “Una vez autopublicas tu novela pasa a la lista negra donde nunca jamás volverá a ser publicada por una editorial y una editorial jamás volverá a considerarte porque claro, has ido por tu cuenta y bla bla bla”. Esto no es verdad. Directamente. Esto es un miedo que se basa seguramente, como todos los miedos, en algo de verdad, pero a lo que se le ha dado mucho la vuelta para intentar que no te salgas del camino de las editoriales si tu objetivo es convertirte en un escritor profesional. A la gente que defiende esto, no le vale que le hables del fenómenos “50 sombras de Gray” porque claro, eso es un error en Mátrix, una excepción. Un autor que autopublicó y que lo petó. Un billete de lotería premiado. Pero es que ese tipo, un día tuvo la misma problemática y si hubiera hecho caso a todo esto jamás se habría lanzado a autopublicar y ahora estaría quizás esperando a que una editorial le respondiese “Esta novela no vale para nada”. ¿Lleva ya dos películas?
No quiero generar confusión: efectivamente no podemos escoger los modelos de éxito para darnos impulso en un mundo difícil (¿qué industria no lo es?) pero tampoco podemos autolimitarnos con “la realidad es negra, olvídate, hay que pagar facturas”. Ni calvo ni tres pelucas, que se dice. Ir por el camino de la autopublicación requiere de otra serie de esfuerzos y de planes estratégicos para hacer que tu novela triunfe, ni mejores ni peores. Porque si “triunfa”, es decir, que la lee gente, vas a tener oportunidad de publicar esa novela o novelas futuras en una editorial. Todo dependerá de lo más importante: tu libro. En eso tienes que centrarte.
Por favor, comenta, sugiere, propón, discute (siempre desde el respeto) y estaré encantado de conversar contigo y de preparar futuras entradas de este tema o de otros distintos. Suscríbete, dame likes, ayúdame a saber si esto interesa y te interesa e iniciemos un diálogo.
¡Gracias por leerme compañero!
B.J. Sal
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Son ya unos meses desde que me metí en esta aventura de la que aún no he visto las curvas ni el final, pero que me han servido para ir aprendiendo una serie de cosas interesantes en el camino que quisiera dejar aquí patentes para muchos de esos escritores que no terminan de lanzarse y que no se toman en serio esta noble profesión, seguramente por miedo al vacío que hay después de tener que dar un, ya de por si acojonante (permítanme la palabra que mejor lo define aunque sea malsonante), tremendo salto de fe.
Quiero aclarar antes de arrancar que todo lo que aquí cuento son mis experiencias y lo que he ido aprendiendo en este proceso, que no hay verdades absolutas, que no hay fórmulas de éxito y que esta entrada tampoco lo es y tan solo pretende compartir una serie de vivencias y lecciones aprendidas (no todas ellas positivas) en este proceso de convertirse en un escritor profesional empezando desde cero y sin que me conozca absolutamente nadie.
De igual modo y antes de arrancar, pienso que lo mejor es, un poco en frío, disparar sin criterio todos los mitos y leyendas que envuelven este paso y que, en la mayoría de los casos, son terrores infundados por motivos diversos que tocaremos por encima ya que, aunque hay mucho de psicología en este post, tampoco es la intención llevar a cabo un psicoanálisis de la profesión ni es necesario sentarse en un diván. No eres ningún autoestopista galáctico pero voy a contarte mi experiencia en el camino por si puede servirte de algo.

¿Qué suele decir la gente y qué solemos decirnos nosotros mismos ante eso de “hazte escritor”? (de nuevo, en mi experiencia):
- De los libros vive muy poca gente
- Hace falta mucha suerte
- Sin una editorial potente detrás no eres nadie
- Escritor se nace, no se hace
- No dejes tu trabajo hasta que veas si tiene futuro…
Bueno, hay muchas más pero creo que estas cinco resumen los grandes miedos que hay a la hora de dar el paso de comenzar a escribir, no ya por hobby, sino buscando algo más: buscando poder vivir de ello. Aquí voy a obviar cualquier cosa que no sea escribir novelas (o ensayos), es decir, no hablaré de los blogs, por una razón sencilla y es porque tienen otro modelo de negocio que desconozco. Aunque tengo uno que estáis leyendo, no gano ningún dinero con él (al menos por ahora) ni lo pretendo. Para mi esto es un escaparate para mostrar mis obras y poder contactar con mis lectores, si es que llego a tenerlos en algún momento :) Escribir blogs y monetizarlos es un arte en el que no he investigado nada así que si no vas a escribir libros, esta entrada quizás no te ayude de mucho a pesar de que alguna de las cosas se compartan.
- De los libros vive muy poca gente
Nunca una frase ha sido tan cierta y tan falsa a la vez… y me explico: muchísima gente escribe y muchísima gente podría vivir de ellos, pero decide no hacerlo. Y me explico, al final, ese paso que supone un profundo cambio de mentalidad entre el “escribo por placer y por si suena la flauta” a “soy escritor, venda 1 millón de libros o 0”, es el que va a marcar la diferencia entre poder vivir de esto o engordar un sueño que se convertirá en irrealizable por nosotros mismos.
Ojo, yo no digo que aquí cualquiera con un portátil, una tablet, un smartphone o una pluma de ganso y un tintero cargado pueda vivir de la escritura. Lo que digo es que mucha gente que dice que querría hacerlo, en realidad no hace absolutamente nada por conseguirlo. Y esto lo digo no porque sea una obviedad sino porque se muy bien lo que significa al haber sido yo mismo víctima de ese razonamiento.
Por una serie de circunstancias personales, dejé mi trabajo, una profesión en la que llevaba metido más de diez años y lo que puedo decir de primera mano es que, si no se hubiera dado esa situación, haber dado el paso serio, el cambio de chip, esto habría sido imposible.
Que quede claro, pertenezco, al menos por el momento, a ese grupo de escritores que han vendido 0 libros. “¿Pero entonces qué cojones me estás contando?”, pensarás con buen criterio, pues ahora mismo te lo explico. Estoy terminando de traducir mi primera novela antes de publicarla, lo que espero hacer en menos de un mes, mientras termino de escribir la segunda y con las ideas para dos más, por el momento. No es mi intención hablarte “desde el éxito” porque para eso ya tienes a 200 millones de escritores, incluido “Mientras escribo”, de Stephen King. Quizás la perspectiva de un don nadie pueda servir para darte más ánimos que el reflejo del oro del éxito que se puede leer desde la perspectiva de un escritor de best sellers. Entre tú y Stephen King estoy seguro de que habrá notables diferencias, pero entre tú y yo, puedes creerme, no hay tantas.
Volviendo al foco de la pregunta: de los libros vive muy poca gente. Bueno, como decía, no quiero entrar en un sesudo análisis psicológico pero si al menos dar unas pinceladas sobre lo que hay detrás de eso porque, teniendo ya una edad, he escuchado ésta, o versiones parecidas, de lo que yo llamo como “las frases lapidarias de los acaba sueños”. Soy consciente de que de un tiempo a esta parte, igual más de una década, se ha fomentado eso del “persigue tus sueños y sé feliz” y creo, desde mi opinión, que con una versión muy ventajista y poco responsable. Está claro que la gente debe ser feliz (intentar serlo por el mayor espacio de tiempo, al menos, ya que la felicidad no es un estado permanente) pero sobre todo debe pelear por realizarse, por buscar su camino y por encontrar aquello que les haga levantarse por las mañanas, si no con una sonrisa, con las suficientes ganas como para tirar para adelante pensando que lo que haces deja una huella. De nuevo, sé de lo que hablo después de haber estado con una sensación de vacío inmensa durante todos los años que dediqué a mi anterior profesión y a los años empleados en estudiarla.
Porque aquí es donde viene la clave: es la sociedad la que te va a poner palos en las ruedas hasta que seas tú mismo quien lo hagas ya que nadie que no pelee, como tú, por llevar a cabo un sueño, va a estar de acuerdo contigo ni va te lo va a poner fácil ya que esa batalla ellos no la han querido librar y tú supones una amenaza para el sistema que han montado en su cabeza. ¿A cuánta gente conoces amargada en sus trabajos, explicando que les encantaría hacer otra cosa pero no pueden? Puedan realmente o no (ya que obviamente hay casos para todo), lo que te digo es que no busques comprensión porque difícilmente te la van a dar ya que supones una seria amenaza. Lo que intentarán, en su mayoría, es inundarte con sus miedos propios poniéndote el reflejo del fracaso que, no nos engañemos, es altamente probable (y con fracaso, que es una palabra compleja y con tantas acepciones como seres humanos, me refiero exclusivamente a no poder materializar ese sueño, es decir, vivir de escribir libros).
“No creo en el mito romántico de que el escritor debe pasar hambre, debe estar jodido, para producir. Se escribe mejor habiendo comido bien y con una máquina eléctrica”.
Gabriel García Márquez
Así que, cerrando con esta pregunta, la respuesta es: CLARO QUE SE PUEDE. La prueba de que cientos de miles (y digo bien, miles) de personas lo hagan significa que es posible y que no has elegido hacerte rico explorando asteroides en busca de materiales preciosos (que debe ser altamente lucrativo pero es una profesión de la que desconozco 1 solo caso de éxito).
La pregunta ya no es si se puede o no (CLARO QUE SE PUEDE, grábatelo a fuego en la mente), sino cómo hacerlo. Porque, no te engañes, para lograrlo, vas a tener que considerar esto un trabajo y eso conlleva, como en todos los trabajos, tener que aprender, esforzarte y dejarte la piel como si de una empresa (y puedes quitar el como si) se tratase. Tu libro es tu producto y tú eres el empresario. Con esto no quiero quitar el romanticismo a la figura del escritor ni pasarme al bando de aquellos que mercantilizan la profesión y hablan desde una perspectiva MBA del tema de los libros porque, aunque se muy bien de qué van esos temas, para mi la escritura es un arte y el libro su expresión pero eso no quita que vender un libro sea un negocio.

Paro aquí para explicar en la siguiente afirmación capciosa y común, de qué va esto.
- Hace falta mucha suerte
Se sobreentiende que para “triunfar”, que en nuestro contexto se resume, exclusivamente, a poder vivir de la escritura. Pues aquí, en lugar de mentirte te voy a contar una verdad que yo he leído pocas veces: SI, HACE FALTA MUCHA SUERTE. Pero no te decepciones todavía, porque suerte, nos hace falta en todo lo que hacemos en la vida ya que es la suerte, casualidad, los hados, las parcas, las que muchas veces van a hacer que publiques una entrada el día correcto a la hora correcta y lo vean diez millones de personas, o simplemente una con dos cientos millones de subscriptores y te vea y la referencie, o que no te vea nadie. La suerte hace falta en todo en la vida pero, y aquí está la cuestión, eso no debe limitarte en lo más mínimo ya que la suerte también se busca y se fomenta.
Solo considerándote escritor, trabajando como un mono por ello, aprendiendo cada día sobre las mil facetas que engloba la profesión, minimizas que la MALA SUERTE te la juegue y fomentas que la BUENA SUERTE te guiñe un ojo. Lo que te garantizo es que si no te lo curras y te dejas la sangre en el trabajo, es difícil que llegues a ningún lado por mucho que de tus dedos broten metáforas dignas de Espronceda o de Quevedo.

Lo que hace falta no es suerte sino un plan… lo que nos lleva al siguiente punto.
- Sin una editorial potente detrás no eres nadie
Pues no, no es verdad. El mundo de las editoriales ha cambiado de una forma bestial en la última década y la razón no es otra que Amazon y sus ebooks. El mundo de las editoriales lleva años con un modelo de negocio que se resiste a modificar porque le resulta satisfactorio y, conste, que yo no critico en absoluto a las editoriales puesto que me consta que las hay muy buenas, muy justas y muy profesionales. Ellas llevan a cabo un negocio que es equivalente al del ojeador futbolístico: buscan diamantes en bruto para pulirlos y compartir la explosión. Obviamente este proceso implica que muchos de esos diamantes en bruto se queden en el “en bruto” y por tanto las editoriales, que realizan sus inversiones serias, buscan el éxito y sacar el máximo beneficio. Después de mucho investigar, mi primera novela la voy a autopublicar por una razón muy sencilla: no puedo ni quiero esperar el tiempo que implica meterme en el proceso de encontrar una editorial ya que estaría aumentando notablemente el factor suerte que tanto me empeño en disminuir (la mala suerte). No sé cuándo me responderán. No sé quién leerá mi manuscrito. No sé si esa persona habrá dormido bien. Si le gusta mi género. Si está de buen humor. Si justo la editorial que me encanta tiene abierto el plazo en el momento que me interesa. No quiero esperar a una respuesta que, según leo, a veces jamás llega… Mi paso por las editoriales no está cancelado en absoluto pero no pertenece a este momento por una cuestión de expectativas y de planificación.
Y al autopublicar, además, no solo aprendes diez mil cosas realmente útiles de tu nueva profesión sino que tienes el control de todo lo que pasa, lo cual es algo muy interesante para, si llega ese día en que tienes que negociar con una editorial, saber lo que hay detrás.
En este nuevo mundo donde autopublicar es GRATIS, si no sacas tu libro adelante es porque no quieres. Eso si, sacar una (con perdón de nuevo) mierda o un producto profesional serio, requiere de muchísimo esfuerzo ya que no vas a contar con los recursos que pone a tu disposición la gran maquinaria editorial. Y aquí hablamos de:
- Corrección ortotipográfica y de estilo
- Repaso de la trama y de la coherencia
- Claves sobre aspectos que más llaman la atención a los lectores y que la experiencia de millones de libros vendidos proporciona
- Portada
- Maquetación
- Distribución
- Traducción
- Etc, etc, etc
Te vas a tener que encargar de todo eso tú y vas a tener que ponerle mucho trabajo, mucho sudor, muchas horas y mucha ilusión para que la gente no abra tu libro y después de la segunda falta de ortografía o salto de página mal colocado, digan “menuda basura amateur”. Porque claro, puedes ser escritor pero de ahí a ser empresario hay un paso que igual no te apetece dar y, te puedo garantizar que si no estás dispuesto a darlo, no vas a llegar muy lejos. Porque después de todo esto te queda lo más jodido: la promoción. Y ¡ay amigo! Ahí no hay trucos que valgan. No hay fórmulas, no hay leyes… solo experimentar, leer mucho marketing sobre el tema (no dar excesivamente la brasa para cansar a tus subscriptores que muchos ya habrán leído tu libro)… este post no va de eso pero si hay mucha gente que lo pida, me meteré con ello en otra entrada. Y es que el escritor, el escritor de pura cepa, el bueno, nace, no se hace, ¿verdad?

- Escritor se nace, no se hace
Pues la respuesta rápida es NO. Como todo en esta vida, todo se hace. ¿Necesitas un don para ello? Pues como para todo en esta vida, hay gente a la que se le da bien, lo disfruta, es lo que le gusta, es “lo suyo” y eso se nota. Ronaldo Nazario no hubo muchos. Michael Jackson tampoco. Pero hay muchos futbolistas y cantantes muy buenos, que han podido vivir de su pasión, con trabajo, trabajo y más trabajo.
Porque te puede gustar escribir pero si en cada frase metes diez faltas de ortografía, poca gente te leerá. Si no sabes cómo funciona un diálogo, la gente se perderá en los tuyos. Si no sabes llevar el peso de la narración y la perspectiva, puedes volver loco a un lector que, en un momento dado, no sepa ya a través de qué ojos está mirando la escena.
Y para eso solo hay un truco, leer, leer y leer. Leer libros, de tu género, los que tienen éxito y los que no. Leer de otros géneros y aprender cosas nuevas. Leer sobre tu profesión e intentar aprender cosas de ella en todos los niveles porque es difícil tener éxito y claro, mejor no dejes tu trabajo hasta que sepas si vales.

- No dejes tu trabajo hasta que veas si tiene futuro…
Dios, los ingenieros, los primigenios… me libren de dar consejos. Lo que puedo decirte, desde mi experiencia de nuevo, es que ser pluriempleado es algo muy jodido y que la mayoría de las veces eso te lleva a no poder dar lo mejor de ti en ninguno de los dos trabajos. Porque mientras veas la escritura como un hobby (lo cual es maravilloso y respetable) seguirá siendo un hobby. Y si lo ves como un trabajo, vas a tener que trabajar. Y eso no significa solo tener la constancia de madrugar o acostarte tarde para poder escribir, implica muchas más cosas. Porque claro, los fines de semana, las responsabilidades… todo va a hacer que tu libro se alargue. Y se alargue y se alargue y se alargue. Y después la edición. Y después la maquetación. Y si, como yo, lo traduces para ampliar mercado, ni te cuento.
No puedo recomendarte dejar tu trabajo por la escritura y eso que yo, en cierto modo, lo he hecho, porque eso requiere que persigas un sueño con todos los sacrificios que conlleva y siendo consciente del leñazo que te puedes dar, de los riesgos y de las responsabilidades. Pero si que te digo que o te lo tomas como un trabajo, o estarás, de nuevo y sin menospreciarlo, con un hobby como el que se apunta a zoomba, a un taller de gastronomía o se va a correr al parque después de su jornada laboral. Algo fuera de tu trabajo “de verdad” al que no le estás poniendo toda la leña para que la máquina vaya a tope.
La entrada está quedando más larga de lo habitual y no me gusta porque creo que la gente se cansa rápido de estas lecturas así que, si has llegado hasta aquí y quieres debatirlo, quieres compartir tus experiencias, te parece bien, mal, regular o no estás de acuerdo, deja un comentario aquí en @BJSal3 o en el grupo de escritores de Facebook que ayudo a administrar “Mundo de Escritores” y estaré encantado de poder conversar contigo, compañero.
¡Saludos!
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"Do the evolution, baby"
Hoy no vengo a hablar de mi libro. Tampoco de uno de los libros referente en el terreno de la ciencia ficción como es el de Un mundo feliz de Aldous Huxley. Bastantes artículos, análisis, reseñas y debates, tanto literarios como psicológicos, sociológicos o filosóficos ha generado desde que se publicase en 1931 como para que se pueda aportar algo verdaderamente innovador sobre el tema.
De lo que vengo a hablar, y de lo que quizás no se ha hablado tanto como verdaderamente merece, es de su prólogo. En torno a cinco folios donde Huxley revisa, veinte años después de que la publicase por primera vez y para celebrar su creación, la obra más importante de su vida. Resulta un tanto sobrecogedor leer sus palabras y la tentación contenida a la hora de corregir su propia obra en la que encuentra, a pesar de ser ya entonces considerada de culto sin ningún tipo de discusión posible, muchos errores que achaca, fundamentalmente, a su juventud e inexperiencia. A una versión de sí mismo que ya no es él y a la que mira con cariño y respeto desde los ojos del viejo que ha visto cómo muchas de sus predicciones estaban a un paso de convertirse en realidad.
Que su obra haya sido catalogada como el sueño terrible de lo que nuestra sociedad podría llegar a ser en algún momento es algo tan innegable como aterrador. El miedo perdura a medida que se empieza a coquetear seriamente con la modificación del genoma humano y surgen las primeras noticias de embriones cuyo ADN se ha modificado para que sean inmunes al virus del SIDA. Esto ya no es ciencia ficción, sino pura actualidad. Y es que estamos hablando de una radiografía que, si bien en el plano de la bioingeniería ha quedado un tanto exagerada (al menos por el momento, afortunadamente), a nivel psicológico y sociológico las conclusiones que saca son brutalmente acertadas.
“Los más importantes Proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán el problema de la felicidad; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre.”
Y es que, de eso habla en estas páginas Huxley por encima de todo: del control de la sociedad por medio de la fórmula de un soma indefinido, de una técnica por la que la gente sea, haciendo uso y abuso de la hipersexualización y de la tecnología, completamente dominada por unos entes superiores que, si bien en su momento el autor consideró estados totalitarios, el tiempo clarificaría que esos entes no eran otros sino el capitalismo y el consumismo desmedidos y, por tanto, el de las grandes corporaciones, algo que él no fue capaz de predecir con tanta clarividencia.
“A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.”
En estas páginas parece como si Huxley estuviera dictándole a Alan Moore el tema de fondo de su novela gráfica “Watchmen”, centrado en el miedo del hombre a la autoaniquilación por miedo de la bomba atómica y que, quién sabe si para bien, tuvo su gran frenazo tras el incidente de Cernobyl del que, casi treinta y cinco años después, seguimos sufriendo las consecuencias. No, ese terror está controlado y ahora la preocupación se centra en el control de las masas por medio de las redes sociales y las fake news. Damos pasos hacia atrás cuestionando avances de hace siglos, preguntándonos si la tierra será plana o las vacunas un peligro. Estoy seguro de que nada de lo que sucede hoy en día sorprendería a Aldous Huxley. Pero de lo que no me cabe duda es de lo que le entristecería descubrir este mundo feliz en el que nos encontramos.
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Aunque el último post de mi querido Stephen King era tan sucinto como difícil de contextualizar si uno no está al corriente del “impeachment” a Donald Trump, la verdad es que me ha servido para recordar un tema muy curioso que, al hablarlo con gente muy diversa, he descubierto que no solo no está claro sino que permanece tan rodeado de controversia como hace más de cincuenta años.

El Whitewash es un término con muchas acepciones, usado desde 1591 en Inglaterra para describir la mano de pintura que se usaba para cubrir y esconder desperfectos de cualquier tipo de superficies. Utilizado también para glorificar resultados de la guerra en dictaduras o regimenes totalitaros al significado al que me referiré aquí es al que se usa para describir la omisión de figuras Afro-americanas en favor de una visión más globalmente aceptada.
En concreto, me referiré a su aplicación en el mundo del arte y, especificando más, en una figura histórica como la de la reina del Antiguo Egipto, Cleopatra VII y su representación en el mundo del cine.
Comenzando directos al centro de la diana: no es posible demostrar el origen étnico de Cleopatra. Dicho esto, y antes de continuar, sería interesante dibujar a la reina en nuestra mente. ¿Cómo es? ¿Theda Bara en 1917? ¿Claudette Colbert en 1934? ¿Elizabeth Taylor en la película de 1963? ¿Amanda Barrie en “Cuidado con Cleopatra” en 1964? ¿Jane Lapotaire en 1981? ¿Leonor Varela en 1999? ¿Lyndsay Marshal en 2007 en la serie “Roma” de HBO? Personalmente en mi cabeza siempre viene el dibujo de la película de animación “Astérix y Obélix en Egipto” que fue la primera vez que tuve oportunidad de verla. En cualquier caso puede que a estas alturas ya te hayas dado cuenta de lo que tienen en común todas estas actrices: son blancas de piel.
Retomando la premisa inicial, no ha sido posible aún corroborar 100% el origen étnico de una de las reinas más memorables de la historia. Sin embargo, hay muchos estudios bastante sesudos y con una importante base científica que garantizan que Cleopatra en realidad era negra. ¡Sorpresa! Puede que este sea un detalle sin importancia pero el hecho de que aún a día de hoy se siga dibujando la imagen de una reina blanca de piel cuando aquello no era lo común en el Epipto de los faraones. Resulta peculiar como algunas artistas actuales como Beyonce, han reivindicado la figura de la Cleopatra negra y cada vez más voces con ella sin que, en realidad, nada cambie en el imaginario colectivo hasta el punto de que si tuviéramos que apostar el color de piel de la próxima Cleopatra del cine, lo lógico sería apostarlo todo a blanco.
No es el objetivo de este post entrar en aspectos políticos más allá de cómo los tentáculos del racismo son capaces de extenderse hasta el nivel de transformar la historia y de, en pleno siglo XXI, seguir haciéndolo.
Hoy en día que es cada vez menos anecdótico hablar del primer James Bond negro (que ahora puede que sea mujer, da igual la raza), del “pistolero” Roland Deschain, negro, que acabamos de ver a un Dr. Manhattan negro, y que hemos incluso visto a un Dios negro en forma de Morgan Freeman, es también sumamente paradójica la corriente de oposición que estas decisiones han generado, molestando a miles de cinéfilos de todo el mundo y desatando corrientes de “hate” por decisiones que “alteraban” la historia. Sin revelar mi opinión al respecto, solamente me preguntaré en alto qué pueden sentir todos aquellos que se han sentido marginados, no ya con un personaje de un cómic, sino con relevantes figuras históricas. ¿Es tan importante? Debe serlo si se sigue insistiendo en ello y, como conclusión, me remitiré a la entrevista que le hicieron una vez a Morgan Freeman, donde le preguntaban por qué no defendía el día de la comunidad negra y él explicaba que aquello era una tontería ya que no había día de la comunidad blanca, ni judía. Para él, la mejor forma de acabar con el racismo es ignorarlo y no hablar de él, no darle relevancia, no darle voz. Imagine all the people...
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El relato ha sido publicado en la web dedicada a la literatura "Dentro del Monolito", lo que es un tremendo orgullo para mí. Pinch...




